Entrevista

Manuel Lainez

Director de Desarrollo e Innovación Agroalimentaria de Fundación Grupo Cajamar

"Un 65 % de la biomasa que genera el sector agrícola ganadero se queda en el campo o se convierte en un residuo; la bioeconomía ofrece la oportunidad de aprovecharlo"

Manuel Lainez es una de las personas que más saben en España sobre bioeconomía, un concepto que según el Marco estratégico para una bioeconomía de la UE competitiva y sostenible, de la Comisión Europea, comprende las “actividades que ofrecen soluciones sostenibles basadas en recursos biológicos para crear valor añadido”, incluyendo “productos, servicios, ciencia y tecnologías”. El potencial de este enfoque productivo es enorme, pero, después de más de dos décadas en el debate público, aún queda mucho camino para que se convierta en una alternativa económica real. Aunque más lento de lo que él quisiera, explica Lainez, esta forma de reaprovechar recursos sigue avanzando.

¿Cómo puede la bioeconomía transformar el sector agrario en España para ser más competitiva, más sostenible y resiliente?

El sector agrario ahora es muy competitivo. Cualquier productor que quiera entrar en el mercado tiene que hacerlo con unas condiciones de calidad determinadas, cumpliendo diferentes normativas y, sobre todo, con unos costes que le permitan ser competitivo. Así, una de las opciones para incrementar las posibilidades de generar valores añadidos en el sector agroalimentaria es poner en marcha proyectos de bioeconomía.  

La agricultura en general, la ganadería y toda la pesca generan mucho subproducto que hasta hace pocos años se trataba siempre como un residuo. Ahora es un subproducto al que se da una nueva oportunidad de transformarse en materia prima para otro proceso productivo. Esa es la esencia de la bioeconomía.

¿Por qué la Comisión Europea está insistiendo en que la bioeconomía es una herramienta que puede fijar población o generar nuevas líneas de actividad? Precisamente porque, de la biomasa que genera el sector agrícola ganadero, más o menos entre un 30 % y un 35 % va al mercado y el resto se queda en el campo o se convierte en un residuo. La bioeconomía ofrece la oportunidad de aprovechar y generar un valor añadido con ese 65 % restante de biomasa de origen biológico, utilizando las nuevas tecnologías que se están desarrollando. Y para desarrollar esa actividad es necesario que haya empresas y personas, que tienen que trabajar allí donde se generan esos recursos, que es el medio rural.

¿Cómo avanza la bioeconomía en España? ¿Cuál es la implantación real?

Muy lenta. Imaginemos una explotación de producción de cereales. Hasta ahora lleva al mercado el cereal que se recolecta, la paja y los rastrojos. La paja y los rastrojos pueden ser utilizados por el ganado. Otra opción es recogerlos y que sirvan para alimentación animal o como cama para el ganado. Esta ha sido la vía tradicional de aprovechamiento, pero hay otras oportunidades: esa paja se puede utilizar como una biomasa a partir de la cual producir, por ejemplo, bioplásticos. Ya existe la vía para transformar la paja en bioplásticos con procesos de fermentación.

Esto, que en teoría es fácil desde un punto de vista científico-técnico, hay que llevarlo a proyectos que permitan aplicar ese proceso de fermentación y transformación en el medio local. Y eso es lo que en este momento está en fase de desarrollo; no hay inversiones productivas que transformen la paja en bioplásticos. Hay algún caso aislado, ejemplos que a veces se han financiado con proyectos europeos o estatales, pero que no se han materializado en un proceso de industrialización, a gran escala y replicable, de la transformación de la paja. Lo mismo podemos decir de los estiércoles del vacuno o del porcino, o de los restos vegetales de la horticultura o de los restos que se generan en la industria de transformación agroalimentaria.

Tenemos muchas posibilidades, muchas vías abiertas, pero hay que concretarlas en inversiones productivas. ¿Por qué no se están dando esas inversiones? Primero, porque los costes de producción son altos y los productos que salen tienen que competir en el mercado con los derivados del petróleo: ahí hay una dificultad, sigue siendo sensiblemente más barato, claro. Es una cuestión de precio. También existen restricciones legales para la llegada de los productos finales al mercado. Las tecnologías que se están poniendo a punto y mejorando permiten que nos vayamos acercando cada vez más. [...]

Entrevista: Sara Acosta / Fotografía: Cajamar