Cadena de valor

Mutur Beltz,

una retroalimentación de arte, tradición pastoril y un patrimonio ganadero en riesgo de extinción

“Un proyecto de vida que surge cuando Joseba y yo nos conocemos y juntamos nuestras pasiones”. Esta es la definición que Laurita Siles hace de Mutur Beltz, un espacio “mágico” en el Valle de Carranza (Bizkaia) en el que generar sinergias entre arte y la tradición pastoril de esta zona, que recupera tradiciones y transita por una creación, artística y artesana, que lo mismo lleva la lana de oveja a una mesa de alta cocina que a un partido de pelota vasca. Indefinible, inabarcable.

Es difícil definir Mutur Beltz. Puede ser un proyecto para darle uso a la lana de la oveja carranzana, raza autóctona en peligro de extinción que forma parte del patrimonio ganadero vasco. También es un espacio cultural que se nutre de la tradición y de la modernidad; un proyecto de creación textil que nos retrotrae a cuentos con ruecas y husos mágicos. O un grupo de pensamiento y reflexión que se materializa en publicaciones y exposiciones. Todo eso y más es esta realidad que no hubiera sido si no se hubiesen encontrado sus dos artífices ―Laura Siles, Laurita, como dice ella misma, y Joseba Edesa―, y no hubiesen decidido ligar sus vidas y sus pasiones: el arte y la tradición pastoril.

“Yo vengo del mundo de la creación ―cuenta Laurita―.  Estoy doctorada en Bellas Artes y Joseba viene de familia de pastores, muchas generaciones atrás (una de sus abuelas era una quesera famosa en el valle); su padre siempre ha mantenido ovejas aunque emigró a la ciudad, Joseba lo define como un “pastor perdido en la ciudad”.

Ella ha vivido a medio camino entre Marbella y Tánger; él, arraigado en el valle de Carranza como profesor de educación física. Laurita defiende que Mutur Beltz se mueve entre dos realidades, “pendula de un lado a otro, para cuestionar dicotomías entre lo rural y lo urbano, primitivo-civilizado, iletrado-ilustrado, arte-artesanía, para crear nuevas ruralidades”.

Estos dos mundos se encuentran y empiezan a caminar juntos. Laura “estaba inmersa en una tesis doctoral en la Universidad del País Vasco que trataba del uso del folclore en el arte contemporáneo”, y utilizaba artefactos como la bicicleta para hacer performance. A través de Joseba conoce el problema que tienen los ganaderos de ovino con la lana y pasa una temporada en Islandia, con una beca de estudio, donde aprende a hilar. “La lana en Islandia está viva; se me vino todo el imaginario de la rueca de hilar: la Bella Durmiente, Gandhi... y de ahí surgió construir una bicicleta para cardar y otra para hilar”, primer germen de lo que luego será su proyecto. […]

Texto: Pilar Virtudes / Fotografía: Mutur Beltz