Explotaciones Sostenibles

Cortijo El Hoyo, innovación y compromiso en la cría de ovino ecológico

Lourdes Perona lo tuvo claro desde el principio: había crecido entre ovejas y entre ellas quería seguir su camino. Quinta generación de una estirpe de ganaderos ―pero, sobre todo, de ganaderas―, continúa la labor de su bisabuela, su abuela y su madre en el Cortijo el Hoyo, en Valdepeñas de Jaén, y "si todo va bien", dice, este pasará a una nueva generación. En esta zona de la Sierra Sur de la provincia andaluza Lourdes cría ovino certificado ecológico en extensivo y aquí ha implementado técnicas innovadoras y los principios de sostenibilidad y economía circular en todas las labores de la finca.

La explotación de esta ganadera vocacional cuenta con 348 hectáreas y 400 cabezas de ganado: “Mi sueño desde pequeña era dedicarme a la ganadería; pasaba aquí los fines de semana y los veranos, he crecido entre ovejas, yo quería que el verano no acabara nunca”. Por eso, en cuanto terminó sus estudios de Ingeniería Técnica Agrícola por la Universidad de Sevilla, especializada en explotaciones agropecuarias, Lourdes volvió al cortijo de su familia.

Con ella llegó sangre nueva a la explotación y una forma distinta de entender la gestión, más acorde a criterios de sostenibilidad social, económica y medioambiental, y con nuevas técnicas de manejo del ganado. “Por aplicar esos principios ―asegura― he sido muy criticada en mi zona; las ganaderías de alrededor son todas muy tradicionales”.

Ya desde el principio decidió cambiar la gestión de una finca que en el siglo pasado daba trabajo a 30 personas y que, en la actualidad, ella puede manejar junto a su marido. Desde el comienzo ha hecho rotación de pastos: “Tengo la finca dividida en cuatro partes de grandes extensiones de terreno, es una rotación de periodos largos, y el rebaño de ovejas va rotando de modo que todo el año tienen pasto. Lo que hago es adaptar la rotación al manejo que yo hago con el ganado: cuando las ovejas ―una mezcla de segureña con lojeña― están en paridera, las tengo más cerca de la casa y las encierro todas las noches, mientras que en invierno pasan largas temporadas arriba”.

La innovación y la tecnología forman parte de su día a día y ya no entiende su labor de otra manera: “Los collares GPS para mí han sido un antes y un después”. Además, prosigue, “no supusieron una inversión porque lo hice con el kit digital y lo único que pago es una cuota anual, muy pequeña para toda la ayuda que me dan. Con esto, en cualquier momento del día o de la noche, puedo saber en qué estado está mi rebaño y eso me aporta tranquilidad”.

Los drones le encantan: “Son mis alas”, dice. Y para ella tan familiares casi como los corderos: “Me han supuesto una ayuda tremenda y un ahorro brutal en vehículo; antes tenía que coger el coche para ver mi rebaño y ahora desde la puerta de mi casa veo mis ovejas. Eso para la huella de carbono es importante”.

A los drones suma un control ganadero completamente digitalizado. Usa alambradas cinegéticas, y controla sus animales, y las zonas de pastos sobre o infra-aprovechadas, con los pastores GPS: “Trazo un vallado virtual ―las cuatro separaciones de la finca también están trazadas en la aplicación―, coloco al ganado en el vallado en el que tiene que estar en cada temporada, y cada vez que se salen de perímetro me llega un aviso al móvil. Entonces con el dron miro exactamente por dónde se han escapado”, explica. “Es bastante más sencillo que antes, que tenías que recorrerte la alambrada entera para ver dónde estaba el agujero; ahora voy directamente”. […]

Texto: Pilar Virtudes / Fotografías: Lourdes Perona - Inés Cobos Jurado